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lunes, 15 de enero de 2018

Ambientalistas y expertos presionan para que Europa vete la pesca eléctrica

Europa pretende abrir la puerta a la pulse fishing -una modalidad que se ha traducido al español como pesca eléctrica-,  en aras de la modernidad y la innovación y contra la que se han movilizado oenegés ambientalistas y una amplia nómina de expertos europeos encabezada por la exministra francesa de Ecología Ségolène Royal por el impacto que tiene sobre la vida marina y el medio ambiente.


 Es una variante del arrastre de fondo que en la actualidad solo practican los holandeses, que en su búsqueda de artes más selectivas y una solución a los descartes sustituyeron las cadenas que el aparejo convencional emplea para asustar a los peces y conseguir que entren en la red por electrodos que crean un campo eléctrico que inducen calambres en las especies para que abandonen el fondo y entren en el aparejo.


El hecho de que el mes pasado la Comisión de Pesca votase a favor de introducir en el reglamento de medidas técnicas excepciones a la prohibición general de emplear en la actividad extractiva explosivos, veneno, sustancias soporíferas, martillos neumático o corriente eléctrica ha movilizado a las oenegés ambientalistas, que presionan para que la Eurocámara no se abra ninguna puerta a una prohibición vigente desde 1998. Además de hacer campaña en contra de lo que definen como «un método de captura indiscriminada para extraer más peces con menos esfuerzo y ahorrar combustible que provoca impactos serios en el medio ambiente marino», varias oenegés ambientalistas han enviado una carta conjunta a la Comisión Europea en la que piden que se retiren todas las derogaciones que están en vigor y que permiten la pesca eléctrica a 84 embarcaciones holandesas, aunque son 75 las que la emplean efectivamente.



Parte de los argumentos que los ecologistas emplean para atacar el método coinciden con los beneficios que apunta el sector pesquero holandés para conseguir que se dé cabida al sistema que han ido perfeccionando desde el 2006. Es la relativa al menor consumo de combustible y la reducción de las emisiones, a la que los profesionales de la pesca suman un menor impacto en el fondo marino, pues no se introduce tanto en el lecho y una mejor selectividad, pues se reducen los descartes y se consigue una mayor supervivencia de las especies de talla inferior a la permitida.



Los ambientalistas, sin embargo, arremeten contra el empleo de unas redes que emiten golpes de corriente eléctrica al sedimento, «causando convulsiones musculares en los organismos marinos y forzándolos a salir del sedimento para poder capturarlos más fácilmente en la red». A eso añaden que esta modalidad es «muy perjudicial» para los pescadores artesanales.
Llega con el aval de la Comisión de Pesca y las bendiciones de la patronal europea del sector, Europêche, que ve en la ofensiva de los ambientalistas un nuevo intento de demonizar un aparejo, en línea con la que antes lanzaron contra el arrastre de fondo

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