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lunes, 4 de diciembre de 2017

La emigración a Reino Unido registra una caída anual récord tras el Brexit


El Bréxodo ha comenzado. La inmigración neta en Reino Unido ha sufrido la mayor caída anual, desde que existen registros, en los 12 meses después de que los británicos decidieran en referéndum abandonar la Unión Europea. La bajada, según estadísticas oficiales, obedece al descenso en las llegadas y el aumento en las partidas de ciudadanos europeos.

Desde el pico histórico de 336.000 personas del final de junio de 2016, la inmigración neta 'personas que llegan menos las que se van' cayó a las 230.000 en junio pasado. Tres cuartas partes de esa caída de 106.000, la mayor desde 1964, corresponde a ciudadanos de la UE. El número de europeos que ha abandonado Reino Unido en el año posterior al referéndum del 23 de junio de 2016 ha crecido un 29% hasta 123.000, la mayor cifra de emigración europea de Reino Unido desde la Gran Recesión de 2008.

Aún son más los ciudadanos europeos que llegan a vivir a Reino Unido (230.000) que los que se van (123.000). Pero el número de los primeros bajó en 54.000 y el de los segundos subió en 28.000, lo que coloca la inmigración neta de la UE en su nivel más bajo desde 2013. Y, mientras que el número de personas que vienen a un puesto de trabajo determinado permanece estable, el número de personas que vienen a buscar trabajo ha descendido en un 43%.

'Los cambios sugieren que el Brexit es probable que sea un factor en la decisión de la gente de venir o irse de Reino Unido, pero las decisiones de migrar son complejas y otros factores también influirán en las cifras', explica Nicola White, de la Oficina Nacional de Estadística. Entre esos otros factores estarían el freno al crecimiento económico, el mejor desempeño de la economía europea y la caída de la libra. La migración neta de fuera de la UE, que requiere visado, también cayó de 196.000 a 173.000 y sigue siendo sustancialmente mayor que la europea.

La cifra de inmigración neta está aún lejos del compromiso de la primera ministra Theresa May, que prometió dejarla por debajo de los 100.000, un valor del que no ha bajado desde 1998. La promesa, formulada por vez primera en 2010 por su predecesor, David Cameron, trata de confortar a los británicos preocupados por la supuesta presión que ejerce la migración en los servicios públicos. Los críticos con el Ejecutivo sostienen que la presión en la sanidad y la educación procede más bien de los recortes en la financiación debidos a las políticas de austeridad y contención del gasto protagonizadas por los Gobiernos conservadores después de la Gran Recesión.

La voluntad de reducir la inmigración, coinciden los expertos, fue uno de los principales motores del voto en favor de abandonar la Unión Europea. Pero diversos estudios han revelado que la inmigración europea, la única a la que afectará el Brexit, es contribuidora neta a las arcas públicas.
 

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