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miércoles, 8 de noviembre de 2017

Londres mejora su oferta sobre derechos de los ciudadanos



El Gobierno británico ha enviado a Bruselas la enésima oferta mejorada sobre los derechos de los ciudadanos directamente afectados por el Brexit (los 3,2 millones de europeos en Reino Unido y los 1,3 millones de británicos en suelo comunitario). Londres refuerza las garantías de que todo aquel ciudadano europeo que solicite quedarse tras el Brexit verá aprobada su demanda, con derecho a presentar recurso si es rechazada, según informó ayer el Ejecutivo británico en un comunicado. 'Hemos dejado claro que salvaguardar los derechos de los ciudadanos de la UE es nuestra gran prioridad en las negociaciones', señaló el ministro británico para el Brexit, David Davis. Londres promete que la solicitud no será más cara que un pasaporte británico.

Pese a la enorme voluntad mostrada por ambas partes, el hecho de que ni siquiera este aspecto de la negociación 'el más sencillo de pactar' esté finiquitado tras casi cinco meses de contactos revela la complejidad del proceso. Tanto Londres como Bruselas tienen interés mutuo en que este colectivo de ciudadanos permanezca donde está ahora, pero son incapaces de encontrar un encaje que garantice su estatus. Más allá de otros flecos pendientes, el principal problema sigue siendo el papel del Tribunal de Justicia de la UE. El negociador europeo, Michel Barnier, insiste en que este órgano garantice para siempre los derechos de los ciudadanos afectados por el Brexit, mientras Davis se resiste a aceptar la autoridad de esta instancia judicial una vez Reino Unido quede fuera de la UE.

Ese ajuste de derechos de los ciudadanos será uno de los asuntos de la sexta ronda negociadora del Brexit, que comienza mañana en Bruselas, con solo dos días de duración. Se trata de la más breve de las mantenidas hasta ahora. Pese a todos los obstáculos, el capítulo de ciudadanía es el único que registra avances. Los otros dos apartados que conforman la fase del divorcio van mucho más retrasados. El primero es la frontera entre Irlanda del Norte, territorio británico, y la vecina República de Irlanda. Los negociadores buscan 'soluciones imaginativas' para evitar barreras físicas que retrotraigan a épocas pasadas, pero Bruselas admite la dificultad de alcanzar esa meta.

El segundo capítulo, aún menos desarrollado, es el ajuste de cuentas que se le exige a Reino Unido antes de abandonar la UE. Bruselas ha advertido reiteradamente de que la falta de propuestas en este terreno está empantanando la negociación. Pese a todo, Londres se resiste a asumir unos compromisos financieros muy polémicos para su opinión pública, que asumió que el Brexit solo les reportaría ventajas económicas.

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