Buscar este blog

lunes, 5 de junio de 2017

¿Por qué hace falta más integración financiera?

La crisis provocó una herida tan profunda en la integración del mercado financiero europeo que a pesar de las medidas adoptadas (entre ellas, la Unión Bancaria y la artillería pesada del BCE), el nivel actual de integración sigue por debajo del que se alcanzó antes del estallido de la crisis en 2008. Es más, la recuperación que estaba teniendo lugar desde 2013 se ha vuelto a estancar en 2016 en los mercados bancarios, de deuda y de capitales, lo que no es una buena noticia.

Este es uno de los mensajes principales que se desprende del último y recién publicado informe sobre la integración de los mercados financieros europeos, en el que el BCE analiza esta importante cuestión utilizando un amplio número de indicadores, tanto basados en precios (tipos de interés de los productos financieros que, en caso de avanzar la integración, deben ser cada vez más parecidos entre países) como en cantidades (más integración conlleva más transacciones entre los países de la eurozona).
Es muy importante contar con un mercado financiero único a nivel europeo porque cuanto mayor sea el grado de integración, más desarrollado está el sistema financiero, y este es un factor que favorece a su vez el desarrollo económico. Para que la política monetaria sea única en la eurozona (y debe serlo) es necesario que las medidas del BCE tengan los mismos efectos en todos los países de la UE, y eso solo será posible en un mercado integrado a nivel europeo.  Si queremos un entorno de estabilidad financiera (que es condición necesaria para el crecimiento real de las economías) en la Unión Económica y Monetaria, necesitamos mercados que no estén segmentados por países.

El mercado en el que el nivel de integración se ha mantenido estable en 2016 tras la recuperación iniciada a finales de 2012 (coincidiendo sobre todo con la apuesta decidida del BCE a hacer todo lo que haga falta para salvar el euro) es el monetario, con un aumento de la actividad transfronteriza en el mercado interbancario.
Donde estamos muy lejos del deseado mercado único es en la actividad bancaria minorista, donde el peso de los préstamos que la banca de un país de la euroárea concede a residentes de otros vecinos de la zona euro es muy reducida: 9% en el caso de préstamos a empresas y solo 1% en el caso de las familias. La buena noticia es que las diferencias en el coste de la financiación bancaria entre países de la eurozona siguen cayendo desde mediados de 2012, aunque son mayores que las que existían antes de la crisis. Así, si en 2008 la diferencia entre el tipo de interés del país con el mayor y menor coste en el acceso al crédito de las empresas era de 1,6 puntos porcentuales, en la actualidad es de 3 puntos (4,3% en Grecia frente a 1,3% en Luxemburgo). En agosto de 2012, llegó a un máximo de 5,4 puntos porcentuales.

La baja integración del mercado bancario minorista tiene que ver con dos factores: la reducida cuota de mercado que la banca de otros países europeos tiene en los mercados domésticos (en torno al 10%); y la escasa importancia y decreciente de las fusiones y adquisiciones entre bancos de distintos países de la eurozona. En el primer caso, además de que la cuota de mercado es reducida, es menor que la que había antes del estallido de la crisis, lo que muestra que el mercado es aún más doméstico de lo que ya era. La presencia de la banca extranjera es especialmente reducida en los países más grandes de la euroárea (Francia, Alemania, España e Italia). En el segundo caso, el BCE reclama remover los obstáculos existentes para que haya más movimientos corporativos transfronterizos, lo que sin duda daría un impulso hacia el mercado único bancario europeo.

¿Qué más se puede hacer para que el ansiado mercado único financiero sea una realidad en Europa, de tal forma que todos los países se beneficien de unas mejores e iguales condiciones en el acceso a la financiación? El BCE reclama varias medidas en su informe: primero, completar la Unión Bancaria, lo que exige que todos los depositantes estén igual de protegidos con un esquema europeo de seguro de depósitos. En este momento tenemos una supervisión y resolución única a nivel europeo, pero no un fondo de depósitos único europeo. Sin este tercer pilar de la Unión Bancaria no se erradica del todo el germen de la crisis, que es que los problemas bancarios de un país afecten a su deuda pública; armonizar a nivel europeo los procedimientos de insolvencia (entre otras cosas, de reestructuración de la deuda), dado que en la actualidad conviven legislaciones nacionales bien distintas, y reducir el elevado volumen de activos improductivos que hay en los balances bancarios, ya que son una carga pesada que condiciona la recuperación del crédito. Ello exige reducir los obstáculos existentes en algunos países para liberar esos activos problemáticos, con medidas encaminadas a mejorar la eficiencia del sistema judicial e incentivar acuerdos extrajudiciales.

El proyecto de Unión Bancaria y la batería de medidas del BCE implementadas sobre todo desde mediados de 2012 para combatir la crisis de la deuda soberana han sido instrumentos muy potentes y efectivos para recuperar el terreno que se había perdido en materia de integración financiera desde el inicio de la crisis, pero hasta ahora no han sido suficientes para alcanzar el mercado único. De hecho, el nivel actual de integración es comparable al que había en 2004, por lo que falta por recuperar el avance que tuvo lugar hasta 2007, cuando se alcanzó el máximo nivel de integración. Para ello, hay que completar la Unión Bancaria, lo que exige voluntad política para mutualizar riesgos entre países, algo que también se aplica y en mayor grado a la más remota y también necesaria unión fiscal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario