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lunes, 8 de mayo de 2017

Francia elige a Macron, el presidente del optimismo

El centrista Emmanuel Macron, europeísta convencido, reformista liberal y modernizador social, fue elegido ayer octavo presidente de la Quinta República y el más joven de la historia de Francia al imponerse con un muy amplio margen de 30 puntos a la ultraderechista Marine Le Pen, quien sin embargo logró un nuevo récord electoral para el Frente Nacional (FN). Con un aplastante triunfo en la segunda vuelta por 65,3% a 34,7% según los datos provisionales, el antiguo banquero de negocios que entró en política hace cinco años sucederá el próximo domingo en el palacio del Elíseo al socialista François Hollande, del que fue ministro de Economía e inspirador de su impopular gestión reformista. El inapelable resultado de más de 20 millones de votos frente a 10,5 abre una etapa nueva, tan inédita como imprevisible, en la vida política francesa marcada por el optimismo para salir de la crisis, el desencanto y el euroescepticismo.

A los 39 años, Macron se convierte en el presidente más joven en la historia de Francia. Paradoja del atípico salto generacional de su matrimonio, su esposa, Brigitte Trogneux, va a ser, con 64 años, la primera dama de mayor edad en llegar al Elíseo en la Quinta República. Hasta ahora el récord de precocidad lo ostentaba Luis Napoleón Bonaparte que accedió al poder en 1848 a los 40 años. El nuevo presidente electo ingresa en un club restringido de dirigentes mundiales treintañeros formado por el norcoreano Kim Jong-un (34 años), el emir de Catar Tamin bin Hamad Al Zani (36), el rey de Bután Jigme Khesar Namgyel Wangchuck (37) y el primer ministro de Estonia Jüri Ratas (38).



«Vamos a retejer los lazos entre Europa y los ciudadanos»

La victoria del juvenil Macron es el triunfo del optimismo. El astro emergente de la política europea, de trayectoria meteórica fuera de la órbita de los partidos tradicionales, busca encarnar la esperanza, la confianza, la modernidad, la regeneración y el acomodo con la globalización. El artífice de la ruptura con el pasado depresivo, el repliegue y el pesimismo, personifica la Francia abierta al mundo,dinámica y creativa liberada de las tentaciones proteccionistas, el cierre de fronteras y el regreso al pasado a espaldas de Europa.

La apuesta por refundar la Unión Europea y reforzar la gobernanza de la zona euro es el reto más transcendente para sus vecinos de un político con vocación europeísta sin complejos. Su pretensión estriba en crear un Parlamento, un Ministerio de Economía y un presupuesto para los 19 miembros de la eurozona así como consensuar una hoja de ruta en cinco años para lograr una Europa a 27 del medio ambiente, la industria y la gestión de las migraciones.

Reforma laboral

En el plano interior su desafío más arriesgado es realizar una nueva reforma laboral al margen del Parlamento por la vía del decreto ley que cuenta con la hostilidad frontal de los sindicatos más opuestos a las medidas liberalizadoras. Sus proyectos más inmediatos son la elaboración de una auditoría de las finanzas públicas y la promulgación de una ley para la moralización política que prohibirá el nepotismo de los parlamentarios entre otros hábitos propicios a la corrupción.


 Para llevar a buen puerto sus propósitos gubernamentales necesitará una mayoría parlamentaria suficiente que le absuelva de la condena a un gobierno de coalición con los socialistas o a la cohabitación con la derecha conservadora. Traducir en diputados en las generales del 11 y 18 de junio una elección en buena medida por defecto representa la difícil misión del movimiento transversal ¡En Marcha! en el aniversario de su creación por el fundador que lleva las mismas iniciales.

Marine Le Pen no logró superar el listón del 40% que era el baremo simbólico asumido por el propio Frente Nacional para distinguir la decepción del éxito. No obstante, con unos diez millones y medio de sufragios pulverizó el récord histórico en voto absoluto de la extrema derecha en las presidenciales que ostentaba su padre, Jean-Marie Le Pen, desde su derrota hace quince años ante el conservador Jacques Chirac cuando reunió 5,5 millones de papeletas. El mediocre resultado en comparación con las expectativas lepenistas supone un mal presagio de cara a las elecciones legislativas de junio y la aspiración del FN a ser la primera fuerza de la oposición capaz de provocar una recomposición a su favor de las diferentes corrientes de la derecha.

Sube la abstención

Según datos, la abstención se situó en torno al 24,5% del censo, la más fuerte en una segunda vuelta de las presidenciales desde1969. La participación en la ronda decisiva fue inferior a la registrada en la primera (77,77%) por primera vez desde aquel año que tuvo la peculiaridad de enfrentar al conservador Georges Pompidou y al centroderechista Alain Poher con la izquierda ausente de la final.

La presencia de una candidatura de la extrema derecha no provocó una movilización masiva a diferencia de lo ocurrido en 2002cuando la participación subió ocho puntos en pleno esplendor del frente republicano contra Le Pen padre.

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