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jueves, 16 de febrero de 2017

La Eurocámara avala el pacto de libre comercio con Canadá


En plena era de retraimiento de la globalización y de avance del proteccionismo, la UE y Canadá han logrado rubricar un acuerdo cargado de simbolismo. El pleno del Parlamento Europeo reunido en Estrasburgo aprobó ayer por holgada.

El CETA se ha convertido en un símbolo y ha desatado un debate cargado de emociones y temores. Es caballo de batalla de las fuerzas antiglobalización 'a derecha y a izquierda', que quieren evitar a toda costa que un triunfo del acuerdo se convierta en un precedente para futuros acuerdos de libre comercio. En Estrasburgo cundía ayer la sensación de que más que el CETA se votaba cómo regular los excesos y desajustes de la globalización que han contribuido a crear un caldo de cultivo muy propicio para el avance populista.

La intensidad del debate ha dividido incluso a la delegación socialista europea, que mira de reojo a las citas electorales de los próximos meses y a sus potenciales votantes, crecientemente seducidos por los mantras nacionalistas. Los socialistas franceses, belgas y polacos se oponían frontalmente a un acuerdo que piensan que puede ser un coladero del que se beneficien empresas estadounidenses afincadas en Canadá. Los socialistas españoles, sin embargo, defienden el acuerdo de libre comercio porque piensan que es mejor que haya una regulación a que impere la ley del más fuerte. 'En el socialismo europeo ha habido algunas posiciones contrarias por razones de índole nacionalista-electoral o sectorial agrícola, por ejemplo. Pero estamos ante una decisión geopolítica. La izquierda tiene que asumir una agenda progresista de la globalización que pasa por la regulación', explicaba Ramón Jáuregui, portavoz de los socialistas mayoría el tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Canadá (CETA, en sus siglas en inglés) después de siete años de vaivenes negociadores y de intensa oposición en las calles europeas. Hasta 408 eurodiputados votaron a favor del CETA frente a 254 que lo hicieron en contra.
Los populares europeos defienden el acuerdo. Verdes, la izquierda europea y la extrema derecha lo rechazan.

La candidata ultraderechista francesa Marine Le Pen lo llamó 'el gemelo del TTIP', la polémica Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión. La estrella de la política francesa apeló como acostumbra a 'el pueblo', del que, dijo, 'tiene que recuperar su capacidad de decidir sobre su futuro'. Le Pen amenazó por último con dar marcha atrás al tratado' tras las presidenciales de mayo de 2017.

Cecilia Mallström, comisaria europea de Comercio Exterior, explicó en el pleno que 'los exportadores pueden ahorrarse 500 millones al año, los procesos de certificación aduanera serán mucho más sencillos sobre todo para las pymes, porque será menos burocrático'. Respecto al miedo a que las denominaciones de origen se vean suplantadas, recordó que el texto protege a 143 de las indicaciones geográficas.

Los manifestantes madrugaron ayer para hacer oír sus protestas contra el CETA. A primerísima hora de la mañana, una cadena de manifestantes enfundados en monos blancos y tumbados en el suelo obligaban a los eurodiputados a entrar a saltos en la sede de la Eurocámara en Estrasburgo.

La aprobación de la Eurocámara es un requisito necesario para la entrada en vigor de un pacto que se había dado por muerto el año pasado, después de que la región belga de Valonia vetara el documento. Tras la votación de ayer, el tratado entra en vigor de forma provisional. Falta la ratificación de cada uno de los Parlamentos nacionales y regionales, donde corre el riesgo de atascarse de nuevo en un momento en el que el libre comercio ha perdido parte de su atractivo para muchos votantes.

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