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jueves, 5 de enero de 2017

Búlgaros y rumanos, ciudadanos europeos de segunda diez años después


Diez años después de la entrada en la Unión Europea, Bulgaria y Rumanía siguen bajo la tutela de Bruselas y fuera los clubes Schengen que permite viajar sin pasaporte al resto de la UE, lastrados por la sombra de la corrupción policial y el crimen organizado. Ni una celebración de su ingreso en el bloque comunitario este inicio de año, en el que sí se han recordado a bombo y platillo los 15 años de la circulación del euro y la treintena del programa Erasmus.

Bucarest y Sofía solicitaron como la mayoría de países del Este la adhesión a la UE en 1995, una prioridad para terminar de reunificar Europa tras la caída del muro de Berlín. Mientras Hungría, Polonia, República Checa, Eslovenia, Eslovaquia, Letonia, Lituania y Estonia accedían al bloque en 2004, Rumanía y Bulgaria lo hacían tres años más tarde y con el condicionante de un mecanismo de vigilancia que controlara la implementación de todos los requisitos pendientes.
 La principal preocupación del resto de socios con Sofía y Bucarest es la corrupción policial y el crimen organizado, motivos por los que todavía se les niega el anhelado acceso a Schengen, la Europa sin fronteras interiores, en la que es posible viajar sin pasaporte. Las autoridades europeas han reconocido en los últimos años que aunque Rumanía estaría lista para Schengen, al no contar con frontera interna con Bulgaria, no podrán acceder al tratado de libre circulación sino conjuntamente, lo que retrasa por ahora toda opción.

Ese lastre implica además que países como Estados Unidos tengan distintos acuerdos de exención de visados para los ciudadanos de Bulgaria y Rumanía, mientras el resto de comunitarios puede viajar sin mas que el ESTA (autorización para turistas) por períodos inferiores a los 90 días. Ni Bulgaria ni Rumanía cuentan tampoco con el euro, en el que sí están Letonia, Estonia, Eslovaquia y Eslovenia, alumnos aventajados de entre los últimos en llegar.

Pese a todo, según las encuestas europeas, rumanos y búlgaros están entre los más europeístas de la Unión, gracias especialmente a ser del grupo de países prioritarios en la recepción de fondos de adhesión comunitarios. A diferencia de la vecina Hungría, donde está en alza la eurofobia fomentada por el partido del Gobierno, en Rumanía y Bulgaria no existen grandes partidos antieuropeístas.

De tan poca utilidad ha reconocido implícitamente la Comisión Europea que fue el mecanismo de vigilancia a Rumanía y Sofía que Croacia, el último socio en entrar, en julio de 2013, ya lo ha hecho con distinto procedimiento. Coincidiendo con los diez años, Bruselas prevé publicar los últimos informes de los avances en los requisitos de ambos países en los asuntos de justicia e interior pendientes en las próximas semanas, unas notas que no llegan en el mejor momento dadas sendas crisis de política nacional.

El presidente de Rumanía, Klaus Iohannis, ha designado como candidato a primer ministro al socialdemócrata Sorin Grindeanu, que se someterá al voto de investidura. Grindeanu tiene garantizado el apoyo de la mayoría absoluta del Parlamento, gracias al respaldo del Partido Social Demócrata (PSD) y su socio liberal ALDE. El PSD obtuvo una holgada victoria en las elecciones del pasado 11 de diciembre, cuando logró el 45% de los votos, con promesas de aumentos de sueldo y mayor gasto social en un país en el que el salario medio es de 420 euros y una cuarta parte de la población vive bajo el umbral de la pobreza.

En el caso de Bulgaria, el país se encuentra en un impase tras la dimisión al vencer en las elecciones del 13 de noviembre Rumen Radev.

Bruselas confía que en torno a finales de mes el nuevo Gobierno búlgaro proponga un nuevo comisario europeo de su nacionalidad para sustituir a Kristalina Georgieva, ahora directora ejecutiva del Banco Mundial. La salida de Georgieva, uno de los miembros mejor valorados de la Comisión Europea, es igualmente una mala noticia para el país y su representación en las políticas europeas, una asignatura que irremediablemente siempre le queda a Bucarest para septiembre.

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