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viernes, 19 de agosto de 2016

El auge proteccionista pone en riesgo el pacto comercial entre Europa y EE UU


Hace más de tres años que la Unión Europea y Estados Unidos iniciaron la negociación de un acuerdo para allanar las trabas a los intercambios entre ambos bloques. Pero el TTIP ha caído presa de los miedos que atenazan a la ciudadanía.
Antes de llegar a la mesa del consumidor estadounidense, las naranjas valencianas son observadas de cerca por inspectores de aquel país, que se desplazan periódicamente a la Comunidad Valenciana para supervisar el producto. Para reducir este tipo de trabas al comercio la Unión Europea y Estados Unidos negocian un acuerdo entre los dos mayores mercados del mundo.


Todos los dirigentes defienden tácitamente el marco comercial como una fuente de crecimiento y empleo para los dos grandes bloques a ambas orillas del Atlántico y los líderes políticos titubean a la hora de darle el apoyo final. A tres meses de las elecciones estadounidenses, Washington y Bruselas se disponen a dar el último empujón para encauzarlo. El auge proteccionista que se respira en Occidente augura que no será sencillo.



económicos mundiales. Pero, en tiempos en los que las fuerzas proteccionistas están en fuerte auge, pocos salen a respaldarlo públicamente y esa actitud empaña las discusiones.



Fuentes diplomáticas de ambos bloques consideran que el pacto se enfrenta al momento de la verdad. Convencidos de que el TTIP morirá si el candidato republicano, Donald Trump, gana las elecciones estadounidenses el 8 de noviembre, los representantes políticos quieren pisar el acelerador este otoño. Si la vencedora esHillary Clinton, el interés por el pacto permanecerá, aseguran esas fuentes, pero el escenario es muy incierto.



Líderes populistas en alza se oponen rotundamente al acuerdo en muchos países occidentales. Voces críticas ganan fuerza incluso en las formaciones moderadas. Y varias citas electorales en el horizonte complican el escenario. Especialmente en Francia, porque los socialistas rehuyen un pacto que buena parte de sus bases rechaza antes de las presidenciales de 2017. Pero también en



hayan dado todas las garantías: compromiso de no rebajar estándares sociales y medioambientales, transparencia sobre las posiciones negociadoras de la Comisión, acuerdo de aceptar solo un mecanismo público de resolución de conflictos y con jueces de carrera'



Poco importa tampoco que la mayoría de los estudios económicos sobre el TTIP calculen que sus efectos económicos serán muy apreciables, más en la UE que en EE UU. Pueden y deben discutirse, pero desde los informes pioneros del Centre for Economic Policy Research (Reducing Transatlantic Barriers )o de la Fundación Bertelsmann (TTIP, who benefits from a trade deal'), estiman que el aumento del PIB europeo podría acercarse al 1%. Los más beneficiados serían los países con mayor capacidad de entrada en el mercado norteamericano; los que disponen de un sólido sector agroalimentario; los que mantienen manufacturas tradicionales; y aquellos en que las pymes exhiben mayor peso. No es de extrañar pues que España fuese muy favorecida.



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